7 de out. de 2016

EXPRESIÓN FACIAL


La expresión facial es, junto con los ojos, el mejor modo de transmitir las emociones y los sentimientos. Constituye un medio de comunicación directo, sin palabras, universal, el modo más sincero y espontáneo de mostrarnos. Así lo escribió Descartes:
La naturaleza no solamente dio al hombre la voz y la lengua, para ser los intérpretes de sus pensamientos; sino que en la desconfianza que tuvo de que pudiese abusar de ello, aún hizo hablar su frente y sus ojos para desmentirlas cuando no fuesen fieles. En una palabra, ella muestra toda su alma al exterior
Por otra parte la socialización nos ha enseñado que en ocasiones debemos ocultar nuestro sentimiento en función de las circunstancias, hay un proceso de aprendizaje que se inicia en la infancia y que vamos puliendo con la edad -no está nada bien una carcajada en un funeral-
Cierto que la otra gran apoyatura expresiva es la gestualidad corporal, como luego lo será también el movimiento o el color, pero hoy nos centramos en el rostro.
Reconocemos en un rostro la expresión de la risa, de la ira, del temor, del aburrimiento, de la ansiedad, de la sorpresa, de la alegría, de la inquietud,.... ¡Cuánto puede decir un mínimo rictus! En ello se basaba el cine mudo y en ello se fundamenta la performance o el mimo, como estas expresiones del gran Marcel Marceau interpretando a su personaje Bip. Y, desde luego, ahí tenemos los emoticones para comunicar sin palabras.
Tanto la filosofía como la ciencia o las artes plásticas han ahondado en su estudio. Los primeros, de Pseudo-Aristóteles a Duchenne, para comprender su funcionamiento o para establecer una relación directa entre rostro y carácter (fisiognomía). En esta línea, la falsa ciencia parte de una analogía entre rostro humano y de animales, para luego añadir al poseedor de ese tipo de rostro los rasgos propios del animal. Della Porta, a finales del siglo XVI, estableció toda una relación de analogías en el primer tratado de este tema, De humana Physiognomia, detallando e ilustrando en cada prototipo los rasgos físicos y de carácter atrubuidos, por ejemplo el que se asemeja a una oveja es "estúpido e impío", en el que tiene rostro de buey domina la "irritabilidad, terquedad, pereza".


En resumen, los supuestos fisiognómicos predecirían el temperamento de una persona (quizá por eso, en una película el "malo" suele tener un determinado aspecto -como Bardem en Un país para viejos-, y cuando no lo tiene resulta mucho más sorprendente -como los chicos de Funny Games-). Un poco vemos que esto se cumple en un tema como el de la Última Cena, busca un cuadro y localiza a los apóstoles Judas, el traidor, y a Juan, el discípulo más amado. Mira a ambos apóstoles en la obra de Leonardo, ¿ves los prototipos que se eligen para cada uno?

En las artes plásticas se buscaba algo más allá de lo supuestamente permanente de la fisiognomía, la expresión de las pasiones en tanto un momento transitorio de los sentimientos del alma. Era necesario adecuar los rostros a las sensaciones que se quieren generar en el público de acuerdo con la narración que se presenta o como medio para describir el carácter de un personaje. A partir del siglo XV y sobre todo del XVII, se establecieron fórmulas efectistas de expresividad.
El interés era ya patente desde la Antigüedad -el pathos helenístico de la Ménade de Scopas-. Basta comparar las obras griegas y romanas que siguen: el rostro del Auriga de Delfos y el rostro de Antinoo son hermosos sin duda pero absolutamente inexpresivos, en cambio el rostro de Laocoonte o el del emperador Caracalla nos hablan del sufrimiento y dejan asomar el transfondo psicológico del retratado. El psiquiatra Rojas Marcos ha escrito que en el rostro reside la esencia de la persona. Bueno, no sé que se diría de las personas con retoques faciales, es posible que además de perder expresión pierdan personalidad.


Y es que las pasiones, particularmente las fuertes, deforman el rostro, lo que en sentido clásico equivalía a la pérdida de la belleza, en tanto que se entendía como harmonía y equilibrio.
Sin embargo desde el Renacimiento y sobre todo en el Barroco las cosas cambian drásticamente. Ahora el camino del naturalismo incluye la plasmación de esos movimientos del alma de los que habla Descartes a fin de mover los afectos. Era por tanto preciso trabajar todo un repertorio de gestos expresivos. Necesario porque hay iconografías que exigen de este tipo de expresión muy marcada, para comunicar hay que enfatizar. Las podemos encontrar en obras religiosas (martirios, éxtasis, milagros, los condenados del infierno), mitológicas (Medusa, Prometeo), históricos (batallas), costumbristas (las bambochadas holandesas) e incluso en retratos. Y, a medida que avanza el tiempo, en cualquier detalle realista.
Le Brun fijó un repertorio de variaciones del rostro en razón de las pasiones, no se trata de un proyecto tomado del natural, crea racionalmente modelos prototípicos que funcionan como un método codificado para aprender a reflejar las pasiones. Parte de la premisa de que cada emoción produce alteraciones faciales características, por lo que es posible fijar un abecedario estandarizado. Sus estudios se publicaron póstumamente, en 1698, bajo el título Método para aprender a dibujar las pasiones.

Tristeza y cólera
Así lo explicaba a toda rima Diego Antonio Rejón de Silva en La Pintura: Poema didáctico en tres cantos (1786).
No ha de haber en el quadro una cabeza
Cuyo gesto no explíque con viveza
La relacion que tiene con el caso 
Que alli se finge; pero un mismo afecto
No ha de mirarse en todas, que es defecto: 
Antes bien con estudio nada escaso 
Habrá en cada semblante
Sensacion muy distinta; 
Qual mostrará la angustia de un amante, 
Qual estará admirado,
Qual con deseo grande, qual pasmado. 
 Según es el caráter que se pinta 
En todas las figuras de una Historia, 
Así debe el Pintor con gran cuidado 
Representar del alma las pasiones 
Graduando su saber las proporciones; 
Porque nunca ha de ser contradictoria 
La accion y el personage.

Muchos artistas practicaron con su propio rostro y un espejo para experimentar formas gestuales que utilizar luego en sus obras. Este sistema evitaba la presencia de un modelo y por tanto resultaba más económico. Se trata de un género muy difundido en el barroco holandés y flamenco, que se conoce con el nombre de tronie y que a menudo se servía de personas desconocidas, a diferencia de un retrato. Incluso la archiconocida Joven de la perla de Vermeer es considerada un tronie
Conservamos algunos de estos dibujos de estudios de expresión y vamos a revisarlos eligiendo aquellos más expresivos, de gestos marcados y exagerados.
Empezamos -por mera elección personal- por Rembrandt, quien hizo más de cien autorretratos a lo largo de su vida, que permiten seguir su peripecia vital y la opinión que tiene de si mismo.

Lo mismo sucede en estos otros estudios de pintores de épocas bien diferenciadas desde Durero -el artista renacentista que más veces se autorretrató- hasta van Gogh que lo hizo en más de treinta ocasiones, o Hockney.








No solo se estudiaron, sino que también se autorretrataron encarnándose a si mismos o a otros personajes con estos deformantes gestos faciales


















Algunos artistas contemporáneos ejemplifican esta introspección personal, de un modo notable lo vemos en las esculturas hiper-realistas de Richard Stipl, que se utiliza a si mismo de modo repetido, seriación de un personaje en diferentes expresiones y posiciones


En las fotografías de Claude Cahun sus autorretratos no se quedan en el reflejo de un rostro, hay un transfondo reivindicativo en contra de los estereotipados roles femeninos.

Bill Viola, pionero del videoarte, recoge en su serie Las Pasiones -20 instalaciones- una especie de cuadros en movimiento centrados en las expresiones del rostro, conectando gentes de hoy -actores- con cuadros del pasado y los sentimientos que contiene (ver Emergence, inspirado en la Piedad de Masolino). Son filmaciones se alta resolución, rodadas a gran velocidad de modo que la acción se ralentiza haciendo más evidentes las emociones. En el video Six Heads analiza seis estados de ánimo (el júbilo, el pesar, el enojo, el temor, el sobrecogimiento y el sueño), que un actor se encarga de expresar en una única pantalla.



Volviendo al papel y a los maestros del pasado, por supuesto que en muchas otras ocasiones sus estudios fueron realizados para obras concretas, tan expresivas como estas que siguen y que no puedo evitar poner. En el primer bloque estudios de Leonardo y de Miguel Ángel, en el segundo una mezcla diversa pero curiosa.




Será interesante hacer otro día un estudio sobre la gestualidad de las manos, del mismo modo que hemos hecho referencia a la gestualidad de las manos del Greco. ¡Otro día!


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